Sital y Srijana son dos niñas que viven con su padre, Kapil, en Simaltar, el poblado donde comenzó el proyecto de Educanepal. Su madre falleció hace ya tres años y Kapil ha tenido que encargarse solo de las niñas, a pesar de estar enfermo de tuberculosis y no tener trabajo fijo. Cuando se encuentra con fuerzas trabaja como peón de obra en Hetauda, una ciudad cercana, pero eso solo le reporta unos 30 euros al mes, lo cual no es suficiente para sobrevivir.

Desde diciembre del 2019 hemos estado siguiendo este caso y proporcionado ayuda de emergencia para que tengan suficiente comida, aparte de cubrir el gasto escolar de las niñas. Kapil también sugirió al principio que nos lleváramos a las niñas a nuestra casa de acogida, ante su situación tan precaria. Las niñas pasaban mucho tiempo solas, debían cocinar por su cuenta y a esas edades tanta soledad puede tener consecuencias dramáticas como ser víctimas del tráfico infantil, al no tener alguien en casa que esté muy pendiente de comidas, de si has ido a la escuela o de marcarte pautas de lo que está bien o mal. Desde un principio le dijimos que podíamos iniciar el proceso para hacernos cargo de las niñas, pero que tendría que ser él quien explicara su situación a las autoridades locales y solicitara los permisos que acreditan la situación de vulnerabilidad de las niñas.

Durante cada visita pudimos comprobar, por una parte, que las niñas están muy apegadas a su padre. Como se acercan a él, el cariño que él les muestra, como le cogen la mano o buscan su contacto. Por otra parte, aunque Kapil pensara que él no podía ofertarles unos cuidados y atención suficientes, él ama a sus hijas y las quiere a su lado. Evidentemente nosotros no queríamos separarles, pues se veía claramente que querían estar juntos y que para las niñas hubiera sido muy traumático no estar cerca de su padre. Así que, con el tiempo, hemos seguido la evolución de salud del padre e incrementado la ayuda al verse mermada la opción de trabajo por los confinamientos y restricciones que han surgido por el avance del Covid en Nepal.

De todo esto, y queda claro en las fotos, me quedo con esos encuentros donde se respiraba tanto amor a pesar de la situación. Y seguiremos atentos para que no les falte de nada y puedan seguir unidos mientras la salud del padre no se deteriore más. Como tantos días, poder disfrutar de ese amor, de ese cariño, de sus expresiones, de sus gestos, se convierte en un regalo muy lindo. Ese amor de padre, su impotencia. Esas niñas que lo miran y agarran con tanta ternura. Para comérselas como decimos nosotros.

Gracias a todos por permitir este día a día, estas historias que se dan a diario, el aprendizaje, la sensación de estar muy cerca de la vida.

Un fuerte abrazo y lindo día.

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