Hace casi 26 años que llegué al pueblo de Saraswoti, donde aún sigo viviendo cuando estoy en Nepal. Recuerdo que, en mis primeros años, algunas veces acompañaba a los niños y niñas del pueblo que llevaban las cabras a pastar en un descampado cerca del bosque.  Allí gozaba viéndoles jugar a la cogida y otros juegos autóctonos en los que correteaban, se agarraban, se revolcaban y se lo pasaban en grande mientras las cabras mordían las hojas de los arbustos.

Con los años surgió la demanda de comprarles balones para jugar al fútbol y al voleibol, los deportes más practicados en Nepal, junto al Cricket. Y hace ya como diez años que algunos aldeanos me comenzaron a pedir que construyera un espacio para que los niños y niñas pudieran jugar.  Para mí fue una de tantas situaciones en las que me costaba mucho tomar la decisión. Por una parte, no lo veía como una necesidad prioritaria de la labor que hacemos en Nepal, pero por la otra estaba el cariño que le tenía a todos esos niños que han sido parte de mi día a día en Nepal, la mayoría de los cuales han podido estudiar gracias a nuestra ayuda. Era muy difícil decir que «no», así que me hacía un poco el loco y así han ido pasando los años.

Hace un año, uno de aquellos niños, Gokul, que hoy es padre de familia, me dijo que querían construir un campo de fútbol justo en el descampado donde llevábamos las cabras a pastar. Me dijo que contaban con poco presupuesto y me pedía ayuda. Me convenció el hecho de que, para abaratar costes, la mano de obra para levantar los muros, quitar las piedras y todo aquello que pudieran hacer lo harían los propios aldeanos y los niños más grandes. Nos pusimos de acuerdo en varios asuntos y comenzamos las obras hace cinco meses.

Hace una semana se inauguró el espacio deportivo que, de momento, es de tierra y cuenta con una cancha de voleibol y un campo de fútbol 7. En un futuro próximo la idea es poner césped y acondicionar la zona, pero Gokul no podía esperar y quería inaugurar ya el espacio con una competición de voleibol a nivel de distrito que financiaría el ayuntamiento local. No se pueden imaginar el orgullo de todos en el pueblo porque durante tres días iban a venir equipos de varias zonas del distrito y autoridades varias. Yo me siento feliz porque ahora los niños y niñas tienen un espacio para jugar, y eso incluye a las niñas de nuestra casa de acogida, que pronto empezarán a entrenar a jugar a fútbol y voleibol con la idea de fomentar el deporte entre ellas y como otra vía más para superar el trauma, aprender a convivir y sonreír a la Vida.

Todo esto gracias a la gente que apoya nuestros proyectos y disfrutan dibujando sonrisas    

Gracias mil por estar ahí…!!!

Un abrazo y mucha paz para todos

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