Shanti Maya Pakhrin tuvo que dejar sus estudios cuando aún cursaba 2º de primaria. Vivía en la zona de Bagmati, al este de Hetauda y su familia, que apenas tenía para comer, no podía asumir el coste de los lápices y libretas que necesitaba para el colegio.
Como miles de familias en estas zonas remotas deficitarias en comida, la familia de Shanti fue víctima de agentes laborales que buscan mano de obra barata en las aldeas de mayor pobreza y vulnerabilidad. Les ofrecen préstamos de entre 80 y 150 euros, sobre todo en épocas de festivales como Dasai (lo más parecido a nuestra Navidad) que luego deben pagar con intereses exorbitantes, imposibles de repagar. La solución para repagar el préstamo en el caso de Shanti, como en muchas otras familias, fue mandarla a una fábrica textil en Katmandú, con apenas 11 años, donde trabajó hasta su rescate, junto a otras 10 niñas, en el año 2017, recién cumplidos los 13. Fue entonces cuando supimos de Shanti y el resto de niñas que se habían visto obligadas a ayudar a sus familias. En la fábrica textil trabajaban unas 16 horas diarias y el salario apenas llegaba a 40 euros al mes.
A todas las niñas rescatadas se les ofreció un curso de seis meses de alfabetización donde aprendieron a leer, escribir y varias operaciones matemáticas. Tras finalizar el curso Shanti mostró un enorme interés en formarse en costura para así poder ganar dinero en un futuro y no depender exclusivamente de la agricultura como sus padres. Se esforzó y al terminar el curso le dimos una máquina de coser y el material necesario para comenzar su propio taller de costura en su aldea. Poco a poco se fue perfeccionando y ganándose la confianza de sus vecinos, quienes acudían a ella para coser los uniformes de sus hijos y otras prendas típicas del Nepal rural.
Hoy en día Maya, con 22 años, vive con su marido y si hija, Martha, de 4 años, quien hace poco comenzó a ir al colegio en el ciclo de infantil. Tienen un terreno pequeño que cultivan con arroz, maíz y mijo, lo cual les da para comer unos seis meses al año. Ella continúa cosiendo cuando le surge trabajo, lo cual le proporciona unos 30 euros mensuales para cubrir necesidades en casa y los gastos escolares de Martha. Su marido también trae algunos ingresos a casa trabajando como jornalero cuando le sale algo de trabajo.
Maya es solo un ejemplo entre cientos de niñas que se han ido formando en costura y que hoy en día pueden ofertar a sus hijos la infancia que ellos no pudieron tener.
Muchas gracias a todos los socios y colaboradores, tanto en España como en Nepal, que hacen posible nuestro día a día con su esfuerzo económico, su ayuda voluntaria o el asumir las responsabilidades varias en las juntas directivas que nos permiten trabajar bajo un marco legal, transparente y con garantías.
Recordarles que con la actual legislación fiscal española las donaciones hasta 250 euros desgravan un 80% hasta 250 euros, y que el resto de donaciones a partir de 250 euros desgravaría en un 40% (45% si las donaciones a declarar son iguales o superior a las declaradas en los dos años anteriores).
Un abrazo y mucha paz en ti,