Dipika Waiba nació en Shaktikhola, en la periferia de Hetauda. Hace poco cumplió 17 años y lleva cuatro meses formándose en costura junto a otras siete chicas. Hace unos días Dipika y Rajendra, personal local de Educanepal, fueron de visita a la casa de la familia para hablar con su madre y que la niña pudiera pasar un rato con ella.

Su familia vive en una casa de dos habitaciones con techo de hojalata y dependen de un pequeño terreno para obtener el sustento diario. Dipika tuvo que dejar de estudiar hace dos años, cuando cursaba 2º ESO, porque su padre abandonó el hogar tras acumular muchas deudas y ella se vio forzada a irse a Katmandú a trabajar como sirvienta en una familia que le pagaba 10.000 rupias (unos 60 euros) al mes. Cada rupia iba destinada a su madre, Bipi Maya, quien trabaja todo el día en el huerto para sacar adelante a su hermano y hermana de ocho y trece años, respectivamente, en la actualidad.

En el trabajo, Dipika sufría abuso y explotación a diario, decidiendo volver a casa tras dos años por temor incluso a su propia integridad física. Una vez de vuelta un profesor de la escuela local le habló de la posibilidad de formarse en costura con Educanepal y vino a nuestra oficina para hablarnos de su caso y rellenar los formularios de solicitud. Un mes más tarde ya estaba alojada en nuestro refugio, donde lleva viviendo cuatro meses junto a otras niñas también en situación de riesgo.

Cada día Dipika se esfuerza por hacerlo lo mejor posible, poniendo mucha a tención a las clases teóricas, donde aprende los patrones de las prendas, y a la máquina de coser una vez comienza a confeccionar la ropa. Su sueño es poder tener cierta estabilidad económica que permita ayudar a su familia, sobre todo a la educación de sus hermanos. 

Ya son cerca de 200 niñas que hemos formado en costura en los últimos 17 años, ofreciéndoles la oportunidad no solo de ser independientes económicamente, sino también de perder los miedos, aprender a gestionar las emociones, a relacionarse con respeto y sentirse más seguras en su caminar por este mundo.

Todo esto es gracias a nuestros colaboradores en España y al personal local en Nepal que se esmera por atenderlas con cariño y las anima a diario a esforzarse y vivir en armonía. Gracias mil a todos por hacer posible que niñas como Dipika miren al futuro con optimismo.

Un abrazo y mucha paz en ti,

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