El pasado 27 de abril recibimos una llamada urgente alertándonos de que Lila, madre de una de las niñas que tenemos acogidas, había sufrido una caída y presentaba varias heridas en su cabeza. Cuando nuestro personal local acudió con premura a ver su estado, se dieron cuenta de que Lila había sufrido una trombosis y al desvanecerse se había golpeado la cabeza. Ante la urgencia, Rajesh y Asmita no dudaron en llevarla a un hospital a unas dos horas de distancia donde le diagnosticaron una hemorragia interna. Se encargaron de todo el papeleo y trámites para que pudiera ser atendida y de sufragar los costes.
Lila y su marido, aparte de vivir en pobreza extrema y tener problemas con el alcohol, carecen de documentos de identidad y no saben leer ni escribir, así que no fue nada fácil facilitar que Lila fuera atendida y se le hicieran todas las pruebas necesarias para establecer su estado y proceder con el tratamiento. Rajesh y Asmita estuvieron a su lado para que Lila fuese bien atendida hasta que fuese dada de alta a los tres días.
Desde entonces nuestro personal local ha asumido la responsabilidad de que Lila vaya al hospital para hacerse las pruebas de avaluación del tratamiento, haga la rehabilitación física y del habla y hacer seguimiento de su tensión para evitar nuevos achaques. También se están haciendo esfuerzos para poder conseguirles un documento nacional de identidad, lo cual es muy complicado al carecer ambos de certificado de nacimiento. También se intenta conseguir el certificado de nacimiento de Shanti, la hija que tenemos en acogida y que perdió tres años de estudios por negligencias de sus padres.
Comparto esta historia por varias razones. Por una parte, para destacar otra área importante de nuestro día a día: atender emergencias sanitarias de casos de extrema urgencia en zonas remotas, con todos los retos que ello supone al tratarse de personas que se criaron para sobrevivir, sin educación alguna e inconscientes hasta de sus propios cuidados. Por otra parte, los casos de personas indocumentadas en estas zonas tan alejadas donde solo se vive para sobrevivir son muy numerosos. Tenemos a varias niñas sin documentación por carecer de certificado de nacimiento y, en algunos casos, sin saber quienes son sus padres o cómo localizar a algún familiar que nos ayude que conseguirles documentación.
Todo esto conlleva enormes esfuerzos que realiza nuestro personal local: papeleos interminables, búsqueda de familiares en zonas muy alejadas, acudir a varias instituciones a pedir ayuda y asesoramiento legal. En fin, no hay palabras para describir el agradecimiento que siento hacia nuestro personal local por su compromiso y su tenacidad para poder ayudar en aspectos que no suelo mencionar, pero que enriquecen nuestra labor diaria. Lila es solo un caso, su hija Shanti otro caso aparte. No es fácil que Shanti acepte su situación de vida y cuando llegó a nuestra casa de acogida tardó muchos días en verla sonreír y comenzar a sentirse parte de nuestra familia. Sus padres están siempre rondando su cabeza, pues sabe cómo viven y a muchas de nuestras niñas les cuesta aceptar su situación. Todas querrían vivir con su propia familia, pero muchas no la tienen, o sufrieron abuso, o sus padres no podían cuidarlas. Por ello cobra mucho más valor verlas sonreír en nuestro hogar, pues detrás hay mucho Amor, atención, tiempo para escucharlas, talleres varios de gestión de emociones, terapias específicas para que aprendan a aceptar y nuestra disposición a ayudar a sus familias, si la tienen, en lo que podamos.
Todo esto no sería posible sin la ayuda de todas las personas que colaboran con Educanepal, que confían en nosotros y en al seriedad y cariño que ponemos para poder ayudar a quien más lo necesita. Gracias mil a todos y todas por estar ahí, contribuyendo a que sea posible.
Un abrazo y mucha paz en ti